La situación, en una frase

En la Unión Europea solo pueden emplearse las alegaciones de salud autorizadas. Para la práctica totalidad de los ingredientes botánicos no hay ninguna autorizada: las solicitudes quedaron en suspenso hace años y esa situación se ha prolongado.

Traducido: la ashwagandha no puede decir que ayuda con el estrés, el ginkgo no puede hablar de memoria, la gimnema no puede mencionar el azúcar en sangre y la onagra no puede referirse al síndrome premenstrual, por más literatura que exista sobre cualquiera de ellos.

Lo que cambia según el ingrediente

Hay tres situaciones distintas y conviene no mezclarlas:

Cómo se diseña un producto que sí se puede comunicar

No es un callejón sin salida; es una restricción de diseño, y se trabaja con ella:

  1. Apoye la comunicación en un nutriente con alegación autorizada y deje que el botánico sea el ingrediente que da identidad al producto.
  2. Comunique la tradición con el cuidado que cada mercado permita, sabiendo que el uso tradicional no es una alegación de salud y que su margen es estrecho.
  3. Comunique la calidad, que no está restringida en absoluto: especie verificada, marcador con su método, parte de la planta, origen, análisis por lote. Es información objetiva y comprobable, y en un mercado saturado de promesas vagas resulta bastante más creíble que una promesa.
  4. Reserve el argumento funcional para el canal técnico, donde habla con un formulador y no con un consumidor.

Latinoamérica no es idéntica

El marco europeo es el más estricto, pero no conviene asumir que la región es permisiva. En México, atribuir acción farmacológica reclasifica el producto y lo saca de la vía del suplemento alimenticio. En Colombia, la distinción entre suplemento dietario y producto con finalidad terapéutica cumple la misma función. En Chile y en Perú existen marcos propios con sus límites.

Lo que sí varía es el lenguaje permitido, que en algunos países de la región es algo más flexible que el europeo. Diseñar una etiqueta única para toda la zona hispanohablante suele terminar en el mínimo común denominador, que es el europeo.

Por qué nuestras fichas insisten en esto

Cada ficha de producto termina diciendo qué no se puede alegar, y en algunos casos lo dice dos veces. Es una elección deliberada.

Un comprador que diseña un envase alrededor de un mensaje que no podrá imprimir pierde el envase, el calendario y a veces el lanzamiento entero. Un comprador al que se lo dicen antes de cotizar puede diseñar otra cosa. La segunda conversación es incómoda una vez; la primera lo es durante meses.